Libro de horas de Carlos el Temerario

Una exquisita joya de la colección de libros de los Borgoña

Una sociedad volcada en el arte de la miniatura

 

Durante el siglo XV, Borgoña era conocido en toda Europa por ser un reino poderoso y por su predilección por los objetos lujosos; siendo la iluminación de libros una de las artes más cultivadas y admiradas en el ámbito cortesano. En esta época Carlos el Temerario, Duque de Borgoña, encargó un libro de oraciones para su uso personal al artista Lieven van Lathem, al anónimo Maestro de María de Borgoña y al escriba Nicolás Spiernic.

 

Flandes era entonces el principal centro de innovación del arte junto con París. En estas regiones, tanto los ricos burgueses como los gobernantes exigían cada vez más ostentación en sus manuscritos miniados, así como nuevas formas de expresión en este arte. Esta gran demanda de joyas bibliófilas obligó a los iluminadores de libros a trabajar al máximo rendimiento.

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Tres autores, tres talentos

 

El iluminador Lieven van Lathem trabajó en el área cultural de Flandes, entre Brujas y Gante, Amberes y Utrecht. Gracias a su gran talento, pronto se convirtió en pintor de corte del Duque Felipe el Bueno, el padre de Carlos el Temerario. Van Lathem abrió camino para que la ciudad de Amberes pudiera convertirse, a finales del siglo XV, en el centro de la pintura paisajística.

 

El otro autor de esta obra, el llamado Maestro de María de Borgoña, fue un artista anónimo que alcanzó la fama por su capacidad de otorgar vida a los rostros que dibujaba, así como movimiento a los cuerpos de sus personajes. Pese a que algunos historiadores barajan la posibilidad de que fuese Alexander Bening, padre de Simon Bening, lo cierto es que su nombre sigue siendo desconocido aún hoy en día. Por su parte, el escriba Nicolás Spiernic añadió a su ya magnífica caligrafía elaboradas iniciales decoradas con líneas de tinta.

La opulencia de Borgoña, folio a folio

El libro, compuesto por 47 miniaturas en 159 folios de formato 12,4 x 9,2 cm, muestra la ostentación propia de la bibliofilia de Borgoña. A lo largo de todo el manuscrito se puede apreciar el deleite que el artista sentía hacia lo fantástico, incluso en los márgenes repletos de detalles: pájaros y personas se dejan ver en un entramado de hojas y diminutos brotes dorados.

También aparecen tres retratos del mecenas que son clave para comprender la importancia y el significado personal que tuvo el libro para Carlos el Temerario. La fabulosa decoración es otra de las características de las páginas escritas: la magnífica caligrafía del texto se organiza alrededor de 360 iniciales, la mayoría cinceladas sobre fondos dorados. Además, cada página escrita fue decorada con un marco ornamental.

Sensibilidad, talento y detalles para

una lujosa obra de arte

Este impresionante volumen se conserva hoy en día en el Getty Museum de Los Angeles y es testimonio de cómo uno de los hombres más poderosos de Europa no tenía rival en su función como mecenas, pues todas y cada una de sus páginas están decoradas con oro. Se trata de una obra que, por sus características, ocupa un lugar clave en la historia de la iluminación de libros flamenca.