El Evangelista Lucas

Una miniatura otónica que resplandece por sí misma

Evangeliario de Otón III, Reichenau, hacia 1000

Rara vez ha conseguido un artista transmitir tanta pasión como en el Evangeliario que confeccionó un monje desconocido en el monasterio benedictino de Reichenau para el emperador Otón III (996–1002). Los autores de los Evangelios nos miran con grandes ojos desde las imágenes y sostienen como atlantes, con imponente fuerza física, poderosas circunferencias celestes.

En lugar de representarlos como autores en actitud de escribir, como indicaba la tradición iconográfica, este artista inusualmente expresivo los colocó, como se solía hacer con la figura de Dios, en medallones con forma de almendra sobre arcos dobles, algo que, por lo demás, solamente se atribuye al Juez del mundo sentado en su trono.

Un toro aparece por encima de la cabeza del Evangelista. Es el atributo distintivo de Lucas desde que la teología cristiana se dedicó a la visión de Dios del profeta Ezequiel.

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