San Erardo celebrando la misa

Una imagen en formato monumental dominada por el oro

Códice de Uta, Ratisbona, St. Emmeram, hacia 1020

Contemplada en detalle, esta representación es increíblemente acertada. Se puede apreciar la vitalidad en las figuras, tanto en el cordero como en sus acompañantes, que realizan los gestos característicos de las virtudes a las que se hace referencia (el exclusivo amor a la piedad, la fuerza del discernimiento, la firmeza y el rigor).

Sin embargo lo más vivo es la curiosidad, la atención del joven sacerdote que, ataviado con vestimenta de diácono, mira más allá de Erardo a la fastuosidad del altar. De esta manera nos representa también a nosotros en nuestra contemplación asombrada de la escena, que se manifiesta como por debajo de una vela de barco henchida.

Apenas se puede hablar de pintura viendo el rígido aspecto ornamental y las brillantes superficies recubiertas de pan de oro. A esto se une el hecho de que este arte pictórico apuesta completamente por la plasticidad de la figura en combinación con la escritura y llama al espectador a descifrar las numerosas pequeñas inscripciones que aparecen en muchos puntos, con tamaños diferentes e incluso redactadas en distintas lenguas y alfabetos.

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