Envíos a todo el mundo

En ese entorno maravilloso que configura la Abadía de San Galo (Sankt Gallen, Suiza) está teniendo lugar este verano una interesante exposición de manuscritos medievales pertenecientes a los fondos de su nutrida biblioteca. Bajo el misterioso nombre de “Abracadabra”, la abadía nos abre sus puertas y sus páginas para descubrirnos los secretos de la medicina medieval, a medio camino entre la brujería y la ciencia.

Y es que durante la Edad Media, era finísima la línea que separaba los conocimientos medicinales de la pura superstición. Así lo podrán apreciar los visitantes de esta muestra, que explica el recorrido histórico de la medicina durante el medievo a través de una selección de manuscritos de los siglos VIII, IX y X. En ellos, los remedios con cierta base científica se mezclan con las leyendas y los milagros de los santos, siempre muy presentes en este monasterio.

 

¿Por qué “Abracadabra”?

El título escogido por los organizadores de la exposición, define y resume muy bien el contenido de la misma. Misterio, hechizos, curaciones milagrosas… ¿De dónde procede este vocablo? ¿Y qué significa?

El primer regristro de la palabra “Abracadabra” se encuentra en el Liber Medicinalis del erudito romano Quintus Serenus Sammonicus (siglo III d. C.) en el que se explica sus poderes curativos contra la malaria. En el monasterio de San Galo quisieron conservar el testimonio de este sabio, en concreto en dos manuscritos expuestos para la ocasión: el Ms. C78 (procedente de la Biblioteca Central de Zúrich) y el Cod. Sang. 44, un compendio de textos medicinales escrito en la propia abadía. Ambos datan del siglo IX; y en ellos podemos leer ese “Abracadabra”, que se cree que viene del arameo, así como qué hacer con él para curar la enfermedad (no sabemos si con mucho éxito o poco).

El procedimiento era el siguiente: se desmenuzaba la palabra como mostramos en la siguiente imagen, acortándola hasta que sólo quedase la última letra. Este conjuro se escribía en una tablilla o papel y se ataba alrededor del cuello como amuleto para alejar la malaria. Porque, aunque parezca mentira, la enfermedad llegó a cruzar los Alpes. De hecho, hay documentos que atestiguan que se propagó hasta en el norte de Alemania.

800px-Abrakadabra,_Nordisk_familjebok

 

 

Una selección muy acertada

Todo aquel que tenga la oportunidad de acercarse a San Gallo podrá contemplar una serie de manuscritos muy representativa y variada de las creencias y prácticas médicas de la Edad Media.

En uno de los libros, que data de la primera mitad del siglo IX, se cuenta cómo se trazaba el signo de la cruz sobre los pacientes para alejar a la fiebre y al demonio. La página hace alarde de una caligrafía ondulada que se asemeja a otros manuscritos descubiertos en Inglaterra e Irlanda, por lo que se especula que esta podría ser su procedencia.

Otro amuleto parecido al de la malaria es el que leemos en el Cod. Sang. 751, fol. 184. Se trata de una recopilación de textos curativos basados en los escritos de Plinio el Viejo. El visitante podrá leer una curiosa receta contra el dolor del cabeza: “Se escriben en un papiro los nombres de estos animales salvajes: leona, león, toro, oso, pantera, leopardo; y se ata alrededor de la cabeza mientras se pronuncian dichos nombres”.

Pero no toda la medicina se basaba en amuletos. También jugaba un papel esencial la astrología, pues se creía que el movimiento de los astros podía influir en la salud de las personas. Según el Cod. Sang. 159, escrito en San Galo en el siglo IX, se creía que los signos zodiacales coincidían con las diferentes partes del cuerpo. Por ejemplo: Géminis afectaba a los ojos y a las orejas; Leo a los labios o a los dientes; mientras que Escorpio estaba relacionado con las enfermedades del pecho y del vientre.

Tiene especial interés la teoría de los cuatro humores del médico griego Hipócrates, muy presente en el imaginario colectivo medieval y también en muchas de las piezas expuestas. El hombre del medievo y los practicantes de aquella ‘protomedicina’ creían firmemente en que la clave para mantenerse sano era que esas cuatro esencias de las que se componía el cuerpo humano (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) se encontraran en equilibrio.

Y para lograrlo se utilizaban todo tipo de métodos. Uno está representado muy gráficamente en otro compendio astrológico-medicinal que muestra una limpieza intestinal practicada a un paciente para equilibrarle los humores.

limpieza intestinal
Cod. Sang. 760

 

 

El papel del Cristianismo en la evolución de la medicina

No podría encontrarse un lugar más adecuado para abrir esta exposición que la abadía de San Galo, Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, puesto que desde sus orígenes más remotos guarda una estrecha relación con el cuidado de los enfermos y la transmisión del conocimiento científico.

Su fundación en el siglo VIII es la prueba de ello: San Otmaro, que sustituyó a San Galo al frente de la abadía, impuso la llamada regla benedictina (orden a la que pertenecía el monasterio.) Ésta consistía en imitar a Cristo en su papel de “médico” en el Evangelio; en cuidar al prójimo como si del mismo Cristo se tratase. La regla, promulgada por Benedicto de Nursia en el año 529, aparece en una de las miniaturas de la exposición, en la que se ve a San Otmaro como abad sosteniéndola y portando además la mitra y el báculo.

san otmar
Cod. Sang. 586

 

San Otmaro, tras adoptar la regla benedictina, habilitó el monasterio para acoger a los enfermos, especialmente a los leprosos, convirtiéndose así en el hospital documentado más antiguo de Suiza. El recinto contaba también con un huerto de hierbas medicinales para curar a los más desfavorecidos.

Esta obligación moral con los enfermos se ha traducido a lo largo y ancho de la Cristiandad en milagros y leyendas de santos, que tampoco faltan en “Abracadabra”. Además de los dedicados a la vida de San Galo, descubrimos a otros santos menos conocidos entre los documentos de la abadía. Es el caso de la suiza Santa Viborada, que tras morir como mártir a manos de los invasores húngaros, realizó diferentes milagros a través de sus reliquias, casi todos ligados a la curación de enfermedades. En una valiosa miniatura del siglo XV (Cod. Sang. 602) se cuenta el milagro de la curación del dolor de muelas de un muchacho, cuyo padre le hace morder un trozo de madera perteneciente a alguno de los objetos personales de la santa.

Cod. Sang. 602

 

 

En definitiva, la exposición dibuja un amplísimo arco bajo el que abarca las diferentes facetas de la medicina en la Edad Media de forma extraordinaria. El trabajo de aquellos que se encargaron de documentar los nuevos tratamientos basados en plantas medicinales, es una de las más grandes contribuciones culturales de la humanidad, que también nos legaron una suerte de magia y creencias básicas para comprender nuestro patrimonio. Hasta el 6 de noviembre, en el salón barroco de la Stiftbibliothek de la abadía de San Galo, se podrá respirar este aroma a fármacos, leyendas e Historia.

 

* Todas las imágenes utilizadas para este artículo pertenecen al catálogo oficial de la exposición «Abracadabra: Medizin im Mittelalter» de la Stiftsbibliothek St. Gallen (Stiftsbezirk St. Gallen, Suiza).

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